Tráfico sobre Juárez. La mañana no había sido más que un día de alimentos mal sanos y bebidas energéticas que creía inyectaba vida a la vida que había sido antes de ser lo que era. Recordaba los sucesos acontecidos esa mañana: la mujer de las flores emprendiendo el romance con el guitarrista urbano, la otra de la silla de ruedas triste, los ejecutivos de los pisos altos que ven como escoria a todo ese aquelarre que sobrevive en las calles de la gran ciudad. "Total, la ciudad es y será siempre y así se mantendrá" se decía así mismo justificando las acciones humanas de improbables racionalidades.
La pasividad de su vida se palpaba notablemente. Resultaba un Botero natural que ni siquiera cabía dentro del más grande de los óleos pintados por Fernando y sin embargo no le importaba lo que decían los demás. Si su salud empeoraba lo único seguro en la vida es la muerte, así que para que tomarla en serio. Sabía que muchos de sus compañeros habían perecido en el acto y que el ante su rechoncha figura era el signo carnavalesco de ambos frentes.
La patrulla avanzaba lentamente sobre las calles centrales, sintiéndose magnánimo, una de las principales razones de portar semejante emblema azul en el pecho era precisamente el respeto y el miedo que infundía en los más débiles que él.
2 de la tarde. Tráfico en Juárez, es hora de encender la torreta para amedrentar a los cercanos. 2:05 de la tarde, esquina Juárez y Legal con menos tráfico. La lluvia probable de la tarde le da los animos de comer algo ligero mientras llega a casa con su Toña, mujer negra de ojos expresivos que acobijo una noche afuera de un burdel de paso mientras era salvajemente golpeada por parroquianos endemoniados.
2.10 esquina de Caín y Juárez le toca el semáforo en alto y la gente empieza a apresurar sus pasos ante la inminente tormenta que se acerca; por un momento desconecta la torreta y queda como un testigo más ante la tragedia que se avecina.
Lo primero que percibio fue un ruido ensordecedor y gente que echaba a correr. Se le heló la sangre al ver a aquel ejecutivo elegante con un arma apuntando y disparando a diestra y siniestramente mientras lloraba y gritaaba. Se bajo del vehículo y desenfundo su arma disparando pero la torpeza de los dedos obesos lo traicionó al último momento cuando se cruzó aquél joven con la entre pierna sangrante y en el descuido imperdonable le destrozó la cara.
Bloguero escurridizo, líquido, étereo... "Placeres Culpables" relata hazañas, patrañas, cuentos, historias, imágenes, situaciones y ahora tareas de MDEI que ocurren. Un legado muy personal que recrea mi punto de vista muy que no necesariamente debe comulgar con quien lee.
sábado, 20 de septiembre de 2008
viernes, 19 de septiembre de 2008
Envidia - de la serie sentimientos humanos
No conoce el mar pero si los olores de las fragancias que emana. Los últimos 10 años los ha pasado de 8 a 6 encerrada en aquella fulgir suntuosidad que recreaba los sueños de su vida anhelada y siempre estropeada por la carga del género que no decidió de nacimiento.
Le gustaba mantener el espacio ajeno limpio mientras que el propio se secaba con la inmundicia de sus codicias palpables. Y es que los anhelos de los otros le inyectaban esperanzas a sus castillos desiertos. Esa mañana hizo lo de siempre, la ama y señora de la casa que algún día creyo ser le abria las puertas a las ficciones materiales que ha cristalizado.
Servia comia; tendía los aposentos de plumas donde descansan los otros, ellos, los de las aspiraciones cumplidas. Se frustraba por tener que compartir la cama con un don nadie que gana la vida en una esquina vendiendo historias pasadas y cuyo mayor triunfo es ver en vivo un clásico de la distracción mexicana por excelencia. Ella no era así, tenía otras intenciones y vivia para medio vivirlas.
Admiraba en secreto y a hurtadillas a la señora de la casa: alta, banca, vigorosa, hermosa... que día a día iba rejuveneciendo atentando a la vida misma y a su condición de ser humano. Madre de tres hijos, abuela de dos niños quienes con el paso de los días se había convertido en algo más que la mucama de entrada por salida, había pasado a ser parte de un objeto más de esa casa de contradicciones.
A las 2 de la tarde esperando en la antesala de los infiernos a que llegará el señor que este día tan particular de octubre tenía un aire fantasmal. Emezaban a correr las primeros vandalazos de la tarde que presagiaba la tormenta que se cernia sobre esa majestuosidad de oropeles y mármoles. Las 3 de la tarde y no llego y con ello el recibiento cálido de unos brazos extraños que sentía suyos.
La codicia en ella no tenía escrupulos, siempre queriendo vivir vidas ajenas sintiéndolas enormemente propias, hasta que se dio cuenta de la tragedia. Sonó el teléfono, era un alto mando policiaco que aseguraba que el hijo menor de esa familia de sueños y avernos había perecido bajo el arma de desquiciado... y respiro de no estar en los tacones de la señora de la casa.
Le gustaba mantener el espacio ajeno limpio mientras que el propio se secaba con la inmundicia de sus codicias palpables. Y es que los anhelos de los otros le inyectaban esperanzas a sus castillos desiertos. Esa mañana hizo lo de siempre, la ama y señora de la casa que algún día creyo ser le abria las puertas a las ficciones materiales que ha cristalizado.
Servia comia; tendía los aposentos de plumas donde descansan los otros, ellos, los de las aspiraciones cumplidas. Se frustraba por tener que compartir la cama con un don nadie que gana la vida en una esquina vendiendo historias pasadas y cuyo mayor triunfo es ver en vivo un clásico de la distracción mexicana por excelencia. Ella no era así, tenía otras intenciones y vivia para medio vivirlas.
Admiraba en secreto y a hurtadillas a la señora de la casa: alta, banca, vigorosa, hermosa... que día a día iba rejuveneciendo atentando a la vida misma y a su condición de ser humano. Madre de tres hijos, abuela de dos niños quienes con el paso de los días se había convertido en algo más que la mucama de entrada por salida, había pasado a ser parte de un objeto más de esa casa de contradicciones.
A las 2 de la tarde esperando en la antesala de los infiernos a que llegará el señor que este día tan particular de octubre tenía un aire fantasmal. Emezaban a correr las primeros vandalazos de la tarde que presagiaba la tormenta que se cernia sobre esa majestuosidad de oropeles y mármoles. Las 3 de la tarde y no llego y con ello el recibiento cálido de unos brazos extraños que sentía suyos.
La codicia en ella no tenía escrupulos, siempre queriendo vivir vidas ajenas sintiéndolas enormemente propias, hasta que se dio cuenta de la tragedia. Sonó el teléfono, era un alto mando policiaco que aseguraba que el hijo menor de esa familia de sueños y avernos había perecido bajo el arma de desquiciado... y respiro de no estar en los tacones de la señora de la casa.
miércoles, 17 de septiembre de 2008
Pereza - de la serie sentimientos humanos
Cuenta con 50 años y una vida de inciertos y desaciertos. A las 4 sale la edición del 7 de octubre que hay que repartir. El día nublado no hace más que acrecentar la indolencia de tantas mañanas de una vida diáfana entre muchedumbres que le ahogaban.
Salió a las 6 de la casa, llega tarde como siempre. Los primeros destellos de un sol encubierto le daban la posibilidad de la noche perpetua del sueño. Recogió los diarios y se marchó a la esquina de siempre. Las últimas mujeres nocturnas se alejaban tratando de esconder sus pecados entre sombras extintas.
La mañana transcurrió tranquila, sin novedades como todos los días de su vida. Entre ventas de periódicos, revistas, boletines y videos transcurrían las mañanas; siempre quiso ser alguien importante pero el letargo de su existir siempre lo llevaba por caminos más sencillos que los que se había creído.
Las gotas de la lluvia purifican el ambiente se decía a si mismo mientras tapaba con una carga de años en la espalda los pocos diarios que le restaban del día; arrastraba los pies y la vida entera, no se bañaba porque lo tendría que hacer un día; no comía a horas porque no sabía el valor de ellas, ni siquiera imploraba a Dios ya que al hacerlo tendría que sumar esfuerzos no concebidos.
Los sonidos de las primeras balas no lo distrajeron de su holgazanería perpetua, recapacito que algo sucedía cuando vio a aquel joven saliendo del metro con la cara destrozada por el plomo… y se echo a correr.
Salió a las 6 de la casa, llega tarde como siempre. Los primeros destellos de un sol encubierto le daban la posibilidad de la noche perpetua del sueño. Recogió los diarios y se marchó a la esquina de siempre. Las últimas mujeres nocturnas se alejaban tratando de esconder sus pecados entre sombras extintas.
La mañana transcurrió tranquila, sin novedades como todos los días de su vida. Entre ventas de periódicos, revistas, boletines y videos transcurrían las mañanas; siempre quiso ser alguien importante pero el letargo de su existir siempre lo llevaba por caminos más sencillos que los que se había creído.
Las gotas de la lluvia purifican el ambiente se decía a si mismo mientras tapaba con una carga de años en la espalda los pocos diarios que le restaban del día; arrastraba los pies y la vida entera, no se bañaba porque lo tendría que hacer un día; no comía a horas porque no sabía el valor de ellas, ni siquiera imploraba a Dios ya que al hacerlo tendría que sumar esfuerzos no concebidos.
Los sonidos de las primeras balas no lo distrajeron de su holgazanería perpetua, recapacito que algo sucedía cuando vio a aquel joven saliendo del metro con la cara destrozada por el plomo… y se echo a correr.
Avaricia - de la serie sentimientos humanos
Sólo unos cuantos tenían la fortuna de estar en ese piso: directivos de empresas transnacionales, ejecutivos importantes, ególatras del año y allí estaba también el canoso de los años hundidos entre tanta marquesina de oropel que cegaba a todo aquél que pedía de su apoyo.
Un peso es un peso y cuesta trabajo ganarlo se decía. Esa mañana después de su vulgar café no se percato de todos aquellos que gritan a su alrededor pidiendo una redención para salvar el día. El acomodador de vehículos con la hija en silla de ruedas, la mujer de las flores meláncolias, el trovador de las esquinas descorazonadas y todos esos sujetos que no hacían más deplorable su día mientras la bolsa amenazaba con deprimirse.
Y entre tanta inmundicia él se ufanaba de lo mucho que tenía, no era capaz de soltar un peso mientras sus empleados le demandaban mejores condiciones. Pero la ley de la vida así es, se cobra de todas, todas sin excepción de intereses. La hora de la comida llegaba como alivio ya ue era un momento de apaciguar el cupero mientras esperaba noticias de los cierres.
Sin embargo ese día no pintaba del todo bien, la lluvia amenazaba con ensuciar aquel jaguar verde, símbolo de opulencia de un país de pobres. Pensaba que la vida había sido bondadosa con él a pesar de las injusticias que se cometían en casa. No le bastó con detenerse frente a un espejo y ser testigo de esa tesitura de piel que surcaba las arrugas de la ruindad con la que había tratado a todo su alrededor. Y sin embargo hacía era él, con dinero se puede comprar todo, amistades, amores, salud, relaciones y todo lo que era y hasta ese momento tenía sabia que tenía un precio, corto o alto pero todo se podía remediar.
Males del siglo XIX que son el poder en manos de los que no deben, y es que el poder no conoce dueño ni límites y no es del que más tiene, sino del que más miedo crea en su entorno. Esa tarde sabría que el poder no es sólo suyo ni que tiene precio... A las 4 de la tarde sono el localizador exclusivo que valía lo que el hambre de una familia. Era ella y estaba confundida, perdida, hundida y derrotada: Mataron a Andrés, tu hijo esta muerto.
Un peso es un peso y cuesta trabajo ganarlo se decía. Esa mañana después de su vulgar café no se percato de todos aquellos que gritan a su alrededor pidiendo una redención para salvar el día. El acomodador de vehículos con la hija en silla de ruedas, la mujer de las flores meláncolias, el trovador de las esquinas descorazonadas y todos esos sujetos que no hacían más deplorable su día mientras la bolsa amenazaba con deprimirse.
Y entre tanta inmundicia él se ufanaba de lo mucho que tenía, no era capaz de soltar un peso mientras sus empleados le demandaban mejores condiciones. Pero la ley de la vida así es, se cobra de todas, todas sin excepción de intereses. La hora de la comida llegaba como alivio ya ue era un momento de apaciguar el cupero mientras esperaba noticias de los cierres.
Sin embargo ese día no pintaba del todo bien, la lluvia amenazaba con ensuciar aquel jaguar verde, símbolo de opulencia de un país de pobres. Pensaba que la vida había sido bondadosa con él a pesar de las injusticias que se cometían en casa. No le bastó con detenerse frente a un espejo y ser testigo de esa tesitura de piel que surcaba las arrugas de la ruindad con la que había tratado a todo su alrededor. Y sin embargo hacía era él, con dinero se puede comprar todo, amistades, amores, salud, relaciones y todo lo que era y hasta ese momento tenía sabia que tenía un precio, corto o alto pero todo se podía remediar.
Males del siglo XIX que son el poder en manos de los que no deben, y es que el poder no conoce dueño ni límites y no es del que más tiene, sino del que más miedo crea en su entorno. Esa tarde sabría que el poder no es sólo suyo ni que tiene precio... A las 4 de la tarde sono el localizador exclusivo que valía lo que el hambre de una familia. Era ella y estaba confundida, perdida, hundida y derrotada: Mataron a Andrés, tu hijo esta muerto.
Lujuriosa vanidad - de la serie sentimientos humanos
Andrés sabe quien es y lo que tiene: alto, rosado, ojos azules como los mares donde navego Magno, hermoso... A sus 18 años la escuela es el medio no el modo. "Mientras tenga belleza puedo conseguir lo que quiera" y no había que dudarlo era la pareja número 14 del año y la cuenta de las otras las había omitido.
Esa mañana despertó en casa del amante en turno, era algo que le excitaba y encendia el inquietante bombeo de un corazón que había sembrado aflicción a muchos otros. Se fumo un cigarro, se dio un baño y salió rumbo a la casa de huéspedes que cobijaba sus desdenes.
Pensando en que hacer hoy en la noche, salió a la calle evitando la escuela y encontrándose con el número 14. "Al menos este si me quiere" yo sólo me entretengo. El largo pasaje sucumbia entre los gritos de la muchedumbre que ahogaba sus propios pensamientos. Se encontraron y fueron donde siempre. La luz tenue y las sombras creadas eran cómplices de los gemidos, olores colores y sudores de la pasión rauda de los instintos bestiales.
Él lo abrazaba y decía lo mucho que le importaba; Andrés decía "yo también te quiero" y pensaba en aquel muchacho que le guiñó el ojo en el desayuno de la mañana o en la cita de las 2.30 de la tarde en la esquina de Juárez. "Tengo que irme, nos vemos en la tarde", salió impávido nunca supo que es el sosiego hasta esa tarde.
"Me gusta el día de hoy, amerita un faje en los andenes del metro cercano", ese donde los chacales hacen filas y las cámaras muertas son testigos silentes de una ciudad sediciosa. Saliendo del metro se da cuenta que las primeras gotas no son más que un espectro a la tarde noche de vigorosos encuentros que le esperan. Un poco de agua ayuda a no verse tan mal, total en un mundo visual lo que importa es como me vea.
Esquina de Juárez y Caín. Imaginando posiciones, sueros de sudores que le gustaba oler, los llantos de tanto corazón destrozado, hombres con lo que ha estado, sus pensamientos fueron interrumpidos cuando la primera bala le destrozaba la mejilla izquierda y la segunda le rompia las esperanzas apostadas en su entre pierna.
Esa mañana despertó en casa del amante en turno, era algo que le excitaba y encendia el inquietante bombeo de un corazón que había sembrado aflicción a muchos otros. Se fumo un cigarro, se dio un baño y salió rumbo a la casa de huéspedes que cobijaba sus desdenes.
Pensando en que hacer hoy en la noche, salió a la calle evitando la escuela y encontrándose con el número 14. "Al menos este si me quiere" yo sólo me entretengo. El largo pasaje sucumbia entre los gritos de la muchedumbre que ahogaba sus propios pensamientos. Se encontraron y fueron donde siempre. La luz tenue y las sombras creadas eran cómplices de los gemidos, olores colores y sudores de la pasión rauda de los instintos bestiales.
Él lo abrazaba y decía lo mucho que le importaba; Andrés decía "yo también te quiero" y pensaba en aquel muchacho que le guiñó el ojo en el desayuno de la mañana o en la cita de las 2.30 de la tarde en la esquina de Juárez. "Tengo que irme, nos vemos en la tarde", salió impávido nunca supo que es el sosiego hasta esa tarde.
"Me gusta el día de hoy, amerita un faje en los andenes del metro cercano", ese donde los chacales hacen filas y las cámaras muertas son testigos silentes de una ciudad sediciosa. Saliendo del metro se da cuenta que las primeras gotas no son más que un espectro a la tarde noche de vigorosos encuentros que le esperan. Un poco de agua ayuda a no verse tan mal, total en un mundo visual lo que importa es como me vea.
Esquina de Juárez y Caín. Imaginando posiciones, sueros de sudores que le gustaba oler, los llantos de tanto corazón destrozado, hombres con lo que ha estado, sus pensamientos fueron interrumpidos cuando la primera bala le destrozaba la mejilla izquierda y la segunda le rompia las esperanzas apostadas en su entre pierna.
Ira - de la serie sentimientos humanos
Un hombre despierta 3 de la mañana, enfundado en su terrible pensamiento trata de conciliar el sueño. 6 de la mañana suena el despertador, el tráfico inicial se escucha cerca como ráfagas de ametralladora.
Se levanta, se da un baño y piensa en todo su entorno; la mujer que lo dejó, los niños en sus manos pobres de cariño, el jefe psicótico, el trabajo rutinante. Sale del baño, toma las pastilla que lo aferran a la cordura, guarda el maletín negro en su carro y sale de casa. Tráfico en Juárez, calles cerradas, la multitud, la gente encerrada en sus propios infiernos, llega tarde al trabajo. Tercer retardo, un día de no paga.
Las juntas de la mañana no hacen más que llenar el vaso de la intolerancia, su iracunda fe va perdiendo los estribos, el teléfono no deja de sonar, las presiones laborales lo atosigan. Se le nubla la vista y con ello la consciencia. 12 del día, el climax laboral es lo despiadado que encuentra, falta poco para salir.
El cielo parcialmente nublado imprime los tonos de la tarde de octubre. Encerrado en el baño el hombre llora, grita dentro de sí tratando de calmar el ímpetu acumulados. Suena su localizador, es hora de pagar fianzas, hipotecas y pensiones. Más bocas que llenar, otras que callar. Sale del edificio y las primeras gotas disgregaran los pecados cometidos. La gente camina presurosa, el hombre se dirige a su carro. 2.15 de la tarde, aún no llueve pero se siente el sopor de las lágrimas del cielo. Esquina de Caín y Juárez, la luz verde del semáforo es la señal inequivoca, el hombre sujeta con fuerza su vida y su alma.
Saca el arma y dispara.
Se levanta, se da un baño y piensa en todo su entorno; la mujer que lo dejó, los niños en sus manos pobres de cariño, el jefe psicótico, el trabajo rutinante. Sale del baño, toma las pastilla que lo aferran a la cordura, guarda el maletín negro en su carro y sale de casa. Tráfico en Juárez, calles cerradas, la multitud, la gente encerrada en sus propios infiernos, llega tarde al trabajo. Tercer retardo, un día de no paga.
Las juntas de la mañana no hacen más que llenar el vaso de la intolerancia, su iracunda fe va perdiendo los estribos, el teléfono no deja de sonar, las presiones laborales lo atosigan. Se le nubla la vista y con ello la consciencia. 12 del día, el climax laboral es lo despiadado que encuentra, falta poco para salir.
El cielo parcialmente nublado imprime los tonos de la tarde de octubre. Encerrado en el baño el hombre llora, grita dentro de sí tratando de calmar el ímpetu acumulados. Suena su localizador, es hora de pagar fianzas, hipotecas y pensiones. Más bocas que llenar, otras que callar. Sale del edificio y las primeras gotas disgregaran los pecados cometidos. La gente camina presurosa, el hombre se dirige a su carro. 2.15 de la tarde, aún no llueve pero se siente el sopor de las lágrimas del cielo. Esquina de Caín y Juárez, la luz verde del semáforo es la señal inequivoca, el hombre sujeta con fuerza su vida y su alma.
Saca el arma y dispara.
jueves, 11 de septiembre de 2008
In memoriam

Me encontraba en clase de diseño corporativo con la Williams, mujer pelirroja de carácter fuerte cuya sonrisa denotaba un dejo de maldad y malicia muy rico para mis veinte años; salí a comprar un café en lo que era la magna obra de la UPAEP de esos tiempo cuando veo las imágenes que me dejaban ver que algo o alguien había hecho algo malo que de alguna manera me movia uno que otro sentimiento por la gente que estaba allí en ese momento.
Ese día a alguien se le ocurrió estrellar aviones comerciales en objetivos civiles de los Estados Uidos y aunque hay ocasiones que dejo en duda el pensamiento del poderío mundial que tenemos como vecino no dejo de pensar en las muchas historias de la gente que vivió en carne propia esos sucesos y que marcan la historia de los primeros años del siglo XXI.
Han pasado siete años y aún en muchas páginas se puede observar la magnitud de la tragedia. Imágenes, videos, estudios y muchas teorias que si fue un auto complot, que si Osama Bin Laden, que si Bush quería reactivar la economía de EU, que si el diablo se aparece, que los ovnis... pero en este momento ninguna puede dar vida a esas más de 3000 personas que se extinguieron aquel 11 de septiembre de 2001.
Y la vida continúa y seguimos luchando, soñando, peleando en guerras a veces tan innecesarias, caen regímenes mientras que otros se alzan y como dice Louis Armstrong... and I think to myself, what a wondeful world...
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