Marrakech es un santuario de fisonomía kitsch en el centro de la ciudad de México y por azares del destino termine en la fiesta del oso de e-radio en su celebración de cumpleaños. Espero que el blog me permita subir todas las fotos porque de verdad amerita su perpetuidad en este sitio.
Y es que no saben lo muucho que el lugar ofrece: una atmósfera muy alternativa, colores chillones en las entradas, iconografía muy ad hoc con el concepto, un enorme candil sobre la barra, las pantallas presentando lo más retro de Mauricio Garcés, El Santo y toda esa secuecia del cine mexicano que sólo se encuentra en canales de cable a las 3 de la mañana, en fin, un lugar al que regresaré pronto.
La atmósfera se respira agradable; Plaza Garibaldi se ubica cerca con los mariachis, los teporochos y toda esa barbarie humana de la madrugada dominical; los otroras sitios de culto gay como el Viena y el Oasis abren y cierran puertas de cantina con sus chacales al interior; el Tenampa esta en silencio a estas horas pero seguramente dentro sigue la fiesta.
Voy caminando sobre eje central junto con Landeta y Eric; me da gusto apreciar Bellas Artes con la bruma invernal, los edificios de Sears y el símbolo de los sesentas, la Latinoamericana. Un policia se fuma un cigarro mientras que en la entrada del metro de Bellas Artes duermen indigentes. El Marrakech queda atrás con sus sueños de testosterona y ceveza pero como diho, regresare pronto he dicho y seguira la fiesta.
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