lunes, 25 de mayo de 2009

El miedo suyacente

No recuerdo la última entrega de la psique transtornada de César que haya plasmado en este espacio pero la claridad de las ideas que desasoiegan mi estado natural a veces hacen que quiera recluirme en casa para evitar las presiones y desgracias de la cotidianidad de lo que es vivir en este sitio. Muchas han sido las mañanas en que me levanto con ganas de seguir soñando entre pasajes que a lo largo de la consciencia voy disminando en algún lugar de mi cerebro.

La tristeza infinita de la incertidumbre hace que me de miedo salir a la calle para no ser presa de la impunidad que gobierna, desde la cúpula política hasta la eclesiastica pasando por la gente que al manejar lo hacen como si fuera una zona de guerra que lleva a ninguna parte y la gente que día a día va perdiendo la civildad de los manuales de carroña que abolutamete quedaron en el olvido.

Vivir en ciudades ajenas y solitarias hace que la gente se sienta desamparada, sin ilusiones y esperanzas. Somos muchos contrarios quienes peleamos por aventar los rojos a los demás sin pensar que algún día todos moriran, de que sirve crear, generar y darse poder si terminaran siendo comidos por gusanos o en areneros de gatos. Mientras mas conoces las esferas del poder más te quieres alejar, como el caso de la lunática en proceso de divorcio cuya cultura no le da más inteligencia que vociferar a través de lengua de serpiente males como el SIDA sin siquiera saber qué es, como se contagia y vaya, dentro de mis propio pensamiento puedo decir que ni siquiera saber diferencias entre SIDA y VIH.

Pobre mujer, tan lejos de todo y tan cerca de la nada...

Ejemplos de este tipo vemos a diario, cuando llegará la revolución a hacer justicia? y no me refiero a los levantamientos armados que aquejan a naciones retrogradas y tercemundistas sin olvidarnos de esas escenas dantescas de edificios colapsándose por aviones en medio de las elegantes calles del sur de Manhattan. Sino a una revolución cívica, de valores, que enaltesca el aldo bueno del hombre y no aquellas guerras que proclaman la muerte y los festines de sangre y bailes de piezas humanas.

Hace mucho que el hombre bajo del árbol y en vez de alabarlo lo talo, destrozo, incendió, realizo matanzas diarias. Los miedos subyacentes son aquellos que engendra el país de la infamia en sus habitantes, con una falsa cultura política y de valores rotos por la inmundicia; con una doble moral.

La revolución anhelada, los miedos subyacentes terminaran y todo sera como en un principio.

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