sábado, 19 de diciembre de 2009

Irene

Irene se desdibuja así misma bajo los contornos dorados del espejo, su reflejo no es más que un cúmulo de vivencias románticas, lacerantes y de grandes dosis de exitación de amantes que la han dejado y que ella a reinventado, uno tras otro, a lo largo de un frenesí de años en franca decadencia.

Los lujos son los menos, los cariños han sido comprados. Una boa de plumas repta sobre el asiento esperando que su suerte se transforme aquella noche de enero. Irene lo sabe, ella saldrá en primera plana al día siguiente. Los demonios del inconsciente la acechan y claman su presencia, la demencia aparece de vez en vez y mas cuando no ha sido invitada.

Le resbalan las lágrimas, llora en silencio mientras que una parvada de arlequines sonríen dramáticamente en el fondo de la habitación. Son testigos del descenlace de la obra, de la pieza maestra que se teje como telar de arañas dentro de este nido de máscaras e historias fetichistas de autores contemporáneos.

Irene ha tomado la decisión, lentamente abre el cajón que contiene cartas, escencias y un arma. Lee con atención dos de ellas que le roban una sonrisa, taciturna, nocturna, con un pulso que sólo la muerte sabe coloca la arma en la boca y dispara...

Silencio...

No hay comentarios: