domingo, 16 de noviembre de 2008

Retratos del sureste - los niños del ciencias y humanidades

Arribe al sureste por allí de mediados de mes; después de una larga travesía que me ha llevado desde la cooperativa de Lagunas en Oaxaca, el misterio que enmarca al Tepozteco en Morelos y los vientos fríos que en Tlaxcala cobijan a propios y extraños llego a Villahermosa de nuevo.

Alguna vez tuve la dicha de poder venir a ver mi familia ya que mi hermana residió un tiempo en esa ciudad sin embargo ahora lo hago portando los colores rojo y blanco de la Ibero; días después que la verdad me liberó de la otrora camisa rojo y blanco suiza ahora estoy en un lugar mucho mejor, vaya llevo más de dos semanas fuera de Puebla pero me mantengo expectante a las buenas nuevas.

Villahermosa de las perpetuas inundaciones; de las constantes cicatrices lacerantes de las paredes que permiten no olvidar la memoria de los trágicos sucesos. El hotel no es tan romántico ni lujoso sin embargo se alza en una de las principales arterias del centro de este paraíso que muchos llaman Edén. El vértigo de estos días no me permite disfrutar los pocos tragos que puedo y los alimentos empiezan a hacer remansos en mi organismo que día a día pide a gritos una escaladora o caminadora de nuevo.

Extraño Puebla, sus olores y fríos, a mi conciencia iraquí, a mi Ángel con sus buenos momentos y también a Rosario y los cafés eternos. El Instituto de Ciencias es una construcción simple, sencilla, vacilante del tiempo que se enciende en las calles céntricas del paraíso tabasqueño. Allí será el destino del 15 de noviembre. Días anteriores me llegaron algunas noticias de este singular sitio y la sabiduría que allí se hierve así que mi expectación es mayor.

Entramos, nos comentan que cuando la tragedia sucumbió a este sitio no quedo nada servible del primer piso; impresiones que sobresaltan de mi rostro al percatarme que el agua subió más de tres metros en algunas zonas del colegio. Increíble, el paraíso se ha repuesto. La logística de los chicos de quinto semestre es formidable, líderes natos y carismáticos que se abren paso entre los muchos alumnos, padres de familia y representantes universitarios en esta mañana nublada de noviembre.

Como olvidar esos rostros y esas actitudes; Jennifer la niña jefa de Ibero en el instituto representa a un líder nato que nos recibe con una sonrisa franca y amable; detrás de ella están Christopher, Lalo, Vicente, Sylvia, Tere, Mauricio, Andrea y Jorge quienes pretenden el día de hoy hacernos vivir como si estemos en casa. Las horas transcurren entre pláticas y toda la logística propia hasta que llego la hora de comer y el discurso improvisado de mi compadre Alejandro; sin planes salen mejor las cosas.

Realmente me sorprende la calidad de estos chicos, todos muy inteligentes que no pierden la sensación de vivir su vida sin dejar la responsabilidad de sus cortas edades. Ellos son alegres, imaginativos, cómplices uno de otro y al menos a mí me han cambiado la perspectiva que tenía de la gente tabasqueña. Dan las 4 de la tarde y el reloj me dice que es hora de partir a otro sitio sin embargo me llevo un grato sabor de boca por parte de este grupo de estudiantes que espero pronto vivan la experiencia de ser parte de la Ibero, que aunque no es mi alma mater como diría la original me hace sentirme como si estuviera también en casa.

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