"Son las 6.30 de la mañana y comienza el fulgor de la gente, aquí desde la capital mediterránea, la hermosa Radio Barcelona y con ustedes, en breves, la dulce voz de Helena Soriano", anuncia desde el General Electric una voz tan aguardientosa como perdida en las ondas radiofónicas de la mañana calurosa en el puerto de Barcelona.
Helena se levanta, taciturna e hipocondriaca tras una noche de mala copa. Piensa con los sentidos retrasados y una jaqueca nauseabunda que la hace correr al baño, tropieza un par de veces y termina su exorcismo en la puerta de la esquina del closet de roble y la pared aquamarina del baño. "Ni hablar, que puta madre es lo que tome" es lo que esucha dentro de su propia psique. Suena el teléfono y una voz le dice: "Helena vienes retrasada, que coño te ha sucedido". Es el puto de su jefe que no hace más que llamar la atención a los vicios mundanos de Helena.
Se da un baño con las escencias de lavanda y una copa de mirra que incendia sus aromas con las aguas de la bañera; burbujas intermitentes y la bruma del sopor que emana el agua semi hirviente. Piensa en sus próximas vacaciones en Tierra Santa donde pretende además de tomar fotos y nadar en el lago Tiberíades si es que sigue vivo o en su defecto esperar una revelación monoteísta en las depresiones del mar muerto.
Sale de aquella purificación matutina y se santifica dentro de ese vestido escotado por la espalda de colores cálidos. Se toma un café que escupe por la ventana y sale a la calle. La celebridad de la voz cálida de esa mujer no es reconocible hasta que llega a la baguetería y pide un pan de cebolla y jamón serrano... Salud!! grita al fondo Felé, el chico de rostro aniñado que la acosa todos los días y es el espectador más constante de las aventuras de esta heroína de las calles lejos su querida andalucía. Llega al radio y el puto aquél no deja de admirar su vestido y de impresionarse con su singular modo de vivir la vida.
La música de fondo anuncia la dulce y sensual voz de Helena Soriano y paraliza Barcelona... ya son las 7.30 de la mañana y la ciudad se dispone a escuchar los atinados comentarios y mordaces palabras de la heroína de las masas. Con los mareos de los vodkas y el mexicano grito del tequila rezumbando en los oidos Helena se sienta frente al micrófono se acomoda el cabello con la peineta de marfil y se queda viendo al infinito.
"Y con ustedes la dulce voz de Helena Soriano"... silencio... Helena se queda callada viendo su propia existencia a través de los cristales, se da la vuelta, los segundos son eternos. El puto del jefe la ve y le truena los dedos mientras el operador de audio cruza los mismos... cada uno desde su propia trinchera con sentimientos encontrados sobre la silueta de Helena. Amores y desamores, ambivalencias destiladas por el tiempo dentro de las cabinas de radio.
Y en eso los labios de Helena se abren y un susurro que no se oye más alla da paso a un espectacular erupto que cimbra a propios de la cabina y extraños de las empedradas calles de El Born... y se empieza a reir mientras que los timbrazos de los patrocinadores suenan para retirar el apoyo a la deidad de la radio. Con la ocurrencia dentro de si dice... "eso es la política de invasión que mato a nuestros españoles aquel 11 de marzo" y continúa con un discurso que se convirtio en el estandarte de verano de Radio Barcelona.
Se escuchan los aplausos que corren toda la Rambla atravesando el Rabal y el barrio Gótico. Las campanas suenan a lo lejos en Montjuic y las olas siguen estrellandose cual manazos a niño malcriado en la arenas de Bogatell. Después del discurso improvisado suena la música de salida anunciando a Vera Syruzky, la rusa que habla de astrología y profetiza los amores reales. Helena sale de la cabina que rompe en aplauzos, salvo el día la heroína de los micrófonos y dueña de los sueños de muchos que sueñan con ella y ella con irse lejos a las tierras que albergan el Sinaí.
Sale del inmueble blanco con tejados rojos y camina, contoneándose como lo hiciera Malena años atrás. Se siente feliz, contenta por salvar un día más la estación o al menos su propio pellejo ya que el piso de alquiler es caro y la vida en Barcelona le atrae tanto como aquél hombre que enciende su cigarrillo todas las noches en el bar de enmedio mientras las notas del piano rompen las conversaciones y se vuelve la heroína junto a la nave espacial a la que los mortales llaman el piano verde.
No hay comentarios:
Publicar un comentario