Llegue a Monterrey a medio día, el aeropuerto en la zona de Apodaca luce distante entre muchos parques industriales; el conductor del taxi amablemente me comenta las zonas de Monterrey y algunas cracterísticas propias de la misma. El cerro de la Silla luce amorfo desde esta vista y me doy cuenta que también aquí hay contrastes.
Esta zona es pobre y luce desmejorada en relación a los hoteles que se yerguen en la zona del corredor industrial. El acceso a la zona metropolitana tiene muchos matices: vías rápides, carros lujosos, pasos a desnivel... a mi derecha se aprecia el parque Plaza Sesamo y el magistral Paseo Santa Lucía. El hotel Alameda es bueno, luce elegante pese a la zona del centro donde se ubica.
Las visitas a las escuelas llenan de sabor este viaje. Hay de todos, colegios elegantes, otros mas relajados, unos que parecen más centros de desacanso pero así es Monterrey. Un taxi me lleva por la zona de San Pedro y la similitud a Santa Fé en ciudad de México salta a mi vista, allí se funden edificios ostentosos entre plazas comerciales y arquitectura interesante. Las tiendas de marcas costosas, los colegios de esta zona son muestra de un México exclusivo, ese que no conoce la carestía y si la hay es cuando se terminan los bolsos Vuitton de los escaparates.
La macroplaza es majestuosa, una explanada llena de jardines y fuentes que antojan para sofocar el calor que se siente este día. El viaje por Paseo Santa Lucía es agradable, las aguas son tranquilas y el clima entre os que abordamos aquella embarcación es sumamente agradable. Me gusta la ciudad, la gente muy cáñida, amable y siempre con el afán de ayudar a los demás.
Sueño etéreo desde estas tierras que me permiten volar y descubrir nuevas formas de vida y pensamiento, presiento que esta ciudad puede ser un excelente destino para vivir o al menos pasar una larga temporada porque lo tiene todo. Desde el paseo matutino por macro plaza, la visita en las aguas parsimónicas de Santa Lucía, el majestuoso e inmenso horno 3 y la opulencia de San Pedro.
Allí queda Monterrey con sus sueños que descubrí de esos viajes... el barrio antiguo que me recuerda las callejoneadas cubanas, el icónico cerro de la silla, apodaca y su industrialismo y sobre todo el inicio de un peregrinar que me llevo de norte a sur y de este a oriente y termine dentro de un nuevo contexto universitario llamado Ibero.
Esta zona es pobre y luce desmejorada en relación a los hoteles que se yerguen en la zona del corredor industrial. El acceso a la zona metropolitana tiene muchos matices: vías rápides, carros lujosos, pasos a desnivel... a mi derecha se aprecia el parque Plaza Sesamo y el magistral Paseo Santa Lucía. El hotel Alameda es bueno, luce elegante pese a la zona del centro donde se ubica.
Las visitas a las escuelas llenan de sabor este viaje. Hay de todos, colegios elegantes, otros mas relajados, unos que parecen más centros de desacanso pero así es Monterrey. Un taxi me lleva por la zona de San Pedro y la similitud a Santa Fé en ciudad de México salta a mi vista, allí se funden edificios ostentosos entre plazas comerciales y arquitectura interesante. Las tiendas de marcas costosas, los colegios de esta zona son muestra de un México exclusivo, ese que no conoce la carestía y si la hay es cuando se terminan los bolsos Vuitton de los escaparates.
La macroplaza es majestuosa, una explanada llena de jardines y fuentes que antojan para sofocar el calor que se siente este día. El viaje por Paseo Santa Lucía es agradable, las aguas son tranquilas y el clima entre os que abordamos aquella embarcación es sumamente agradable. Me gusta la ciudad, la gente muy cáñida, amable y siempre con el afán de ayudar a los demás.
Sueño etéreo desde estas tierras que me permiten volar y descubrir nuevas formas de vida y pensamiento, presiento que esta ciudad puede ser un excelente destino para vivir o al menos pasar una larga temporada porque lo tiene todo. Desde el paseo matutino por macro plaza, la visita en las aguas parsimónicas de Santa Lucía, el majestuoso e inmenso horno 3 y la opulencia de San Pedro.
Allí queda Monterrey con sus sueños que descubrí de esos viajes... el barrio antiguo que me recuerda las callejoneadas cubanas, el icónico cerro de la silla, apodaca y su industrialismo y sobre todo el inicio de un peregrinar que me llevo de norte a sur y de este a oriente y termine dentro de un nuevo contexto universitario llamado Ibero.
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